domingo, 21 de agosto de 2016

Los desafíos que plantea el neoliberalismo "aggiornado"

Copio a continuación el texto que había preparado para la charla de ayer en el "Foro para la construcción de una mayoría popular":

En primer lugar, y aprovechando que uno de los principales puntos que se vino analizando a lo largo de todo el congreso es el reconocimiento del avance neoliberal en toda la región y las características particulares que adquiere en Argentina por medio del gobierno de Macri, quisiera discutir brevemente los postulados teóricos que definen a un gobierno de corte “neoliberal” y las ideas que se encuentran por detrás. Esto es debido a que por lo general se lo suele presentar de una manera un tanto caricaturezca que lo concibe como un gobierno que busca no intervenir de ninguna manera, lo cual no solo es incorrecto sino que además esto termina favoreciendo al propio discurso neoliberal.
El surgimiento del neoliberalismo puede ubicarse en el Coloquio Walter Lippmann, llevado a cabo en 1938 y que reunió a una gran cantidad de filósofos, economistas y teóricos liberales (entre los que se destacaban el propio Lippmann, Rougier, Hayek y Mises), cuyo objetivo era precisamente analizar el fracaso de la doctrina liberal clásica y a partir de eso buscar la manera de reformularlo ante la avanzada socialista. Hubo un reconocimiento tácito de que el fracaso de estas ideas estaba vinculado con la defensa a ultranza de una libertad sin ningún tipo de restricciones, el famoso “laissez faire”.
Lo que estos teóricos advirtieron fue que en la realidad no existe la posibilidad de que surja espontáneamente un mercado autoregulado. Esto es porque las sociedades son criaturas del derecho y de Estado: Toda propiedad, todo contrato, toda sociedad existe porque existen derechos, garantías y obligaciones cuya aplicación se puede asegurar cuando son sancionados por la ley a través del Estado. Es decir, como sociedad estamos vinculados por medio de un conjunto denso de obligaciones y de derechos que instauran cierta reciprocidad y estructuran nuestras relaciones.
La diferencia principal radicaba entonces en concebir al liberalismo como un liberalismo activo dirigido a la creación consciente de un orden legal en cuyo interior la iniciativa privada, sometida a la competencia, pueda desarrollarse con toda libertad. Es decir, y como había demostrado Polanyi, que el mercado autorregulado es producto de la acción política deliberada.
A partir de esa definición, el primer punto que quisiera marcar es que los gobiernos neoliberales son gobiernos que intervienen activamente en la economía con el objetivo de transformar el marco legal y la estructura económica para que funcione como ellos creen que debe funcionar.
Con lo cual, vemos que el gobierno de Macri es neoliberal, pero que no es lo mismo que el neoliberalismo de los ’90. No es lo mismo que los ’90 porque por primera vez en la historia argentina la derecha asumió el poder democráticamente, con un discurso que podemos considerar lavado pero que claramente era un discurso de derecha. Y la sociedad eligió eso (o por lo menos una parte mayoritaria de la misma). Volveremos luego sobre este tema del discurso.
Es neoliberal porque, como se desprende de la definición que presentamos anteriormente, es un gobierno que desde el primer día intervino activamente con el objetivo de transformar el marco regulatorio que rige la dinámica económica. Y que entiende que para sostenerse en el poder debe volver a ser legitimado en las urnas, lo que implica sostener sus bases de apoyo y tratar de contener, hasta donde se pueda, al resto.
Esto queda claro cuando se analiza las medidas tomadas en estos primeros meses: respecto del marco regulatorio, tenemos la eliminación de los controles de cambios, arreglo con los fondos buitres, liberalización de las tasas bancarias, quita de retenciones, entre otras; mientras que también encontramos algunas medidas paliativas de corte social como el reintegro del IVA a los jubilados, el aumento del seguro de desempleo, AUH para monotributistas, entre otras.
De acá también se infiere su matriz ideológica, ya que el gobierno buscó modificar la distribución de los ingresos, haciéndolos claramente más regresivos. Pero a la vez se debe advertir que esto fue acompañado de las medidas paliativas de carácter “social” mencionadas, y por ende sin llevar a cabo un ajuste brutal (como a priori algunos pensaban que podía llegar a hacer).
Esto refleja que el PRO entiende que modificar el marco económico y la distribución de los ingresos es un proceso que no se hace de un día para el otro, que lleva tiempo. Y, además, que para eso no alcanza con medidas que transfieran ingresos, con lo cual probablemente también busquen desmantelar las instituciones vinculadas a lo que podemos llamar el “Estado de bienestar” que el kirchnerismo logró construir. Aquí creo que indudablemente van a ir por la reforma del mercado laboral, que es el principal obstáculo a su manera de pensar la economía.
Esto es un rasgo fundamental de este neoliberalismo “aggiornado”, que refleja que entiende de política y que implementa las medidas económicas en función de eso, y no a la inversa. Al igual que con el kirchnerismo, la política sigue primando sobre la economía. En definitiva, esto está mostrando que el PRO es un gobierno con clara vocación política, que busca construir y que tiene un programa de largo plazo, un proyecto de país al cual aspiran.
A esto se le agrega un grado mayor de complejidad, porque el discurso neoliberal está tan bien articulado que hoy en día se presenta directamente como una concepción del mundo, como diría Gramsci. Es decir, que el neoliberalismo, antes que una ideología o una política económica es, de entrada y ante todo, una racionalidad. Y que, en consecuencia, esta racionalidad tiende a estructurar y a organizar, no sólo la acción de los gobernantes, sino también la conducta de los gobernados.
Como sostiene Foucault “gobernar es estructurar el campo de acción posible de los demás“, es decir, el arte de gobernar consiste en dirigir indirectamente la conducta de los individuos, influenciarlos a que hagan lo que uno quiere. Si el gobierno quiere que un individuo vaya de “A a B” y para eso lo obliga por la fuerza física, probablemente lo logre, aunque eso no va a durar mucho. Ahora, si le construye un camino y le dice “sos libre para decidir qué hacer, y ahí enfrente está el progreso”, cambia bastante la cosa.
A largo plazo, la hegemonía del poder solo se puede sostener mediante el consenso, y eso el neoliberalismo lo tiene muy aceitado. Por un lado, el discurso del gobierno apela y se defiende constantemente a partir de un concepto tan fuerte y difícil de rebatir como la promoción de la “libertad”, pero por otro interviene activamente en los marcos legales, para que los individuos decidan “con total libertad” aquello que obligatoriamente tienen que elegir.
Todo esto nos tiene que hacer darnos cuenta que el neoliberalismo es un aparato sumamente poderoso. Pensarlo como un Estado “bobo” que no interviene en la economía sería subestimarlo terriblemente. Y esa subestimación, lleva a esta idea de que "la van a chocar", lo cual es un error aún más grave. No solo por los argumentos presentados, sino porque además esa idea puede llevar al adormecimiento de la militancia, creyendo que alcanza con esperar.
Sumado a lo anterior, y yendo a temas más económicos, no nos tenemos que olvidar que el pilar fundamental que hasta ahora sostiene a este nuevo modelo es el endeudamiento externo, y que la herencia fue haberles dejado un país desendeudado. Con lo cual, tienen bastante margen de maniobra. Basta con recordar que para llegar al 2001 tuvimos que sufrir antes más de 10 años del neoliberalismo más salvaje.
Esta vez no solo no es tan salvaje (por lo menos hasta ahora), sino que además está la posibilidad de que la economía vuelva a crecer en 2017. Si la inflación comienza a desacelerarse, como probablemente suceda, eso va a venir acompañado de un repunte en el nivel de consumo que, sumado a lo que pueda aportar el agro, podrían alcanzar para lograr un crecimiento moderado para el año que viene.

Todo esto demanda la realización de mayores esfuerzos intelectuales y organizativos para amalgamar esas resistencias, para que confluyan en un proyecto de que privilegie los intereses de los trabajadores y las mayorías populares. Y esto debe hacerse cuanto antes, porque cada día de gobierno que pasa es una oportunidad para que el gobierno y el dispositivo mediático logren que su discurso vaya permeando en la sociedad, logrando que se instale en el sentido común de las personas, racionalizándolo y haciendo cada vez más difícil su disputa. Es un desafío sumamente complicado, pero que sabemos que no es imposible, si no, no estaríamos aquí presentes. Muchas gracias.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Primer Foro para la Construcción de una Mayoría Popular

Este SÁBADO 20/8 se estará realizando el Primer FORO PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA MAYORÍA POPULAR en la Facultad de Cs. Sociales (Santiago del Estero 1029), a partir de las 13hs y hasta las 19hs, que será el último Panel de Cierre.

El objeto es este Foro es crear un ámbito de discusión ampliado que habilite a la contraposición de ideas con ánimos de que el debate aporte herramientas para la construcción de cara al futuro. 

CRONOGRAMA

Paneles -Inicio 14hs-

MOV. ESTUDIANTIL
Pablo Chango Móbili - Presidente del Centro de Estudiantes de Sociales -
María Monza - Presidenta CNBA
Julián Saragüeta - UTN
Doyel Gutiérrez -Presidente del Centro de Estudiantes de Psicología-
Verónica Zarza - Presidenta del Centro de Estudiantes Joaquín V. González
Adrián Lutvak - Presidente FUBA

DESAFÍO CIUDAD DE BUENOS AIRES
Javier Andrade
Patricio Del Corro
Lorena Pokoik
Laureano Bielsa
Jonathan Thea
Tito Nenna

MOV. OBRERO
Sergio Palazzo - La Bancaria
Claudio Dellecarbonara -PTS Subte-
Daniel Catalano -ATE Capital-
Eduardo López - UTE-

COYUNTURA INTERNACIONAL
Eduardo Valdez
Ayelén Oliva
Husni Abdel Wahed (Embajador de Palestina)
Carlos Martínez Mendoza -Embajador de Venezuela-
           
ORGANIZACIÓN POPULAR y ECONOMÍA SOCIAL
Paula Penacca -Legisladora de la Ciudad de Buenos Aires-
Padre Charly -Cura Villa 21-24-
Nicolás Caropresi -CTEP, Cartoneros, Patria Grande, 1124252688-
Martín Casasola (CTEP de Seamos Libres)
Eduardo Montes -Fábricas Recuperadas-

COYUNTURA ECONÓMICA
Augusto Costa -Ex Secretario de Comercio Interior-
Alfredo Zaiat - Director del suplemento económico «Cash» en Página 12-
Fernanda Vallejos
Juan Manuel Telechea -Fundación Germán Abdala-
Martín Pollera -Subsecretario de Promoción de Inversiones Productivas. Municipalidad de Florencio Varela-

COMUNICACIÓN
Tristán Bauer - Director de Cine y ex presidente de RTA (Radio y Televisión Argentina)
Gabriela Cerruti - Periodista, escritora y ex legisladora porteña por el FPV
Edgardo Esteban (Telesur) - Escritor, periodista, corresponsal de Telesur en Argentina
Garganta Poderosa
Julia mengolini - Periodista en FM Futurock, El Diario (C5N)

GÉNERO
Mayra Mendoza -Diputada Nacional FPV-
Vida Morant -Directora Bachillerato Trans Mocha Celis-
Marisa Herrera -Dra. en Derecho de Familia
Mario Pecheny -Sociólogo especializado en Género-

DERECHOS HUMANOS Y VIOLENCIA INSTITUCIONAL
Nilda Garré
Leo Grosso
Horacio Pietragalla
Pablo Ferreyra

CIENCIA Y UNIVERSIDAD 
Daniel Filmus
Roberto Salvarezza
Federico Thea
Martín Scalabrini Ortiz
Científicos y Universitarios Autoconvocados

PANEL CENTRAL DE CIERRE -19hs-
COYUNTURA POLÍTICA. DESAFÍOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA MAYORÍA EN LA ARGENTINA.

Axel Kicillof
Leandro Santoro
Gustavo Menéndez -Intendente Merlo-
Itai Hagman

Más info por acá

viernes, 5 de agosto de 2016

Noticias de ayer

Copio a continuación una síntesis impecable que describe la situación heredada y su vínculo con lo que vino después:

A la inversa que Tocqueville o Mill, que deploraban la apatía de los modernos, los liberales actuales se quejan del «exceso de democracia» surgido en estos años, o sea, el ascenso de las reivindicaciones igualitarias y el deseo de participación política activa de las clases más pobres y más marginalizadas. Según ellos, la democracia política sólo puede funcionar normalmente con cierto grado de «apatía y de no-participación por parte de ciertos individuos y ciertos grupos». Retomando los temas clásicos de los primeros teóricos neoliberales, llegan a reclamar que se debe reconocer que «hay un límite deseable para la extensión indefinida de la democracia política».
Esta llamada a poner «límites a las reivindicaciones» traducía a su manera la entrada en crisis de la antigua norma fordista. Esta última conjugaba los principios del taylorismo con reglas de reparto del valor agregado favorables a un alza regular de los salarios reales (indexados en función de los precios y las ganancias de productividad). Esta articulación de la producción con el consumo de masas se apoyaba, además, en el carácter relativamente autocentrado de ese modelo de crecimiento que garantizaba cierta “solidaridad” macroeconómica entre el salario y las ganancias.
Las características de la demanda (poca diferenciación de los productos, elasticidad elevada de la demanda en relación a los precios, progresión de los beneficios) correspondían a la satisfacción progresiva de las necesidades de los hogares en forma de bienes de consumo y equipamiento. De este modo el crecimiento sostenido de los beneficios, asegurado por el aumento de los incrementos en productividad, permitía que la producción masiva fluyera hacia mercados esencialmente domésticos. Sectores industriales poco expuestos a la competencia internacional desempeñaban un papel motor en el crecimiento.
La organización de la actividad productiva se basaba en una división del trabajo muy elevada, una automatización incrementada pero rígida, un ciclo de producción/consumo largo, que permitían obtener economías de escala sobre bases nacionales e incluso internacionales. Se comprende que tales condiciones harían posibles, en el plano político y social, equilibrios y ajustes que articulaban hasta cierto punto la valorización del capital con un aumento de los salarios reales. Pero luego el modelo «virtuoso» del crecimiento fordista tropieza con límites endógenos. Las empresas experimentan entonces un descenso muy sensible de sus tasas de beneficio. Esta caída de la «rentabilidad» se explica por el enlentecimiento en los incrementos de productividad, debido a la relación de fuerzas sociales y la combatividad de los asalariados, debido a la fuerte inflación amplificada por la recesión.
La estanflación pareció firmar el acto de defunción del arte keynesiano de «pilotar la coyuntura», que suponía el arbitraje entre la inflación y la recesión. La coexistencia de ambos fenómenos, altas tasas de inflación y de desempleo, parecía desacreditar los instrumentos de la política económica, en particular, la acción benéfica del gasto público sobre el nivel de la demanda y el nivel de actividad y, en consecuencia, sobre el nivel de empleo.
La nueva política monetarista se esfuerza precisamente por responder a los dos problemas principales que constituían la estanflación y el poder de presión ejercido por las organizaciones de asalariados. Rompiendo la indexación de los salarios en función de los precios, se trató de transferir la sangría producida por la crisis al poder de compra de los asalariados en beneficio de las empresas. Los dos ejes principales del vuelco de la política económica fueron la lucha contra la inflación galopante y la restauración de las ganancias empresariales. El aumento brutal de las tasas de interés, a costa de una severa recesión y un aumento del desempleo, permitió lanzar rápidamente una serie de ofensivas contra el poder sindical, recortar los gastos sociales al mismo tiempo que los impuestos y favorecer la desregulación.

Como mencionábamos al principio, lo anterior es una síntesis impecable que describe lo sucedido en las potencias mundiales durante 1960 y que sirve para entender lo que vino después…