jueves, 28 de enero de 2016

Gramsci, el Bloque Histórico y la Crisis de 2001

A grandes rasgos, podemos definir el concepto bloque histórico como la unidad entre la estructura socioeconómica y la superestructura política e ideológica. Un sistema social está orgánicamente integrado solo cuando se construye un bloque bajo la dirección de una clase fundamental que confía su gestión a los intelectuales.

Una vez establecido su vínculo con la estructura, las ideologías y las actividades políticas se transforman en el campo donde la sociedad toma conciencia de los conflictos que se desarrollan a nivel estructural, conformando un bloque histórico donde las fuerzas materiales son el contenido, y las ideologías la forma. Desde ya que lo anterior se debe analizar en relación a una situación geográfica e históricamente acotada (Portelli, 1973).

La articulación del bloque histórico permite diferenciar dos esferas: por un lado, la estructura socioeconómica y, por otro, la superestructura ideológica y política, cuya vinculación orgánica es asegurada por los intelectuales. El rol de esta capa social se observa con nitidez al analizar el bloque histórico en términos dinámicos y a través del ejercicio de la hegemonía.

Este concepto cobra un valor fundamental en la teoría de Gramsci, y es a la vez uno de sus principales aportes a la teoría marxista. En este sentido, Gramsci retoma y complementa a Lenin, quien consideraba a la hegemonía como la “dictadura del proletariado”, esto es, como el control de la sociedad civil y política, cuyo dominio se da fundamentalmente a través de la coerción. El aporte de Gramsci se encuentra en advertir que la hegemonía no es solo la dominación por medio de la coerción sino también dirección cultural e ideológica (que se da esencialmente en los países con sociedades civiles desarrolladas).

Esta diferencia en el orden de importancia del medio a través del cual se pone en disputa la hegemonía se traduce en un cambio de estrategia respecto de la toma del poder. Ya no va a ser la sociedad política (el aparato del Estado) el objetivo, sino la sociedad civil. El grupo que logre dominar la sociedad civil será el que ejerza la hegemonía, la cual se verá reforzada por la conquista de la sociedad política (Portelli, 1973).

La consolidación de un bloque histórico se logra cuando la clase dominante tiene el control de la sociedad civil y el de la sociedad política. A partir de la mayor importancia relativa de la dominación ideológico-cultural, se pone de manifiesto el rol primordial que Gramsci le otorga a los intelectuales de la clase dominante: éstos serán los encargados de crear un bloque ideológico, a partir del sometimiento y la subordinación de los intelectuales de los demás grupos sociales[1]. Así, la clase dominante dirige la sociedad por el consenso logrado a través de su hegemonía sobre la sociedad civil, la cual se obtiene gracias a la difusión de su concepción del mundo, que deviene así en sentido común.

Ahora bien, como mencionamos al principio, el bloque histórico comprende un período de tiempo y un espacio geográfico dado. Esto significa que su evolución en el tiempo conlleva transformaciones que se van gestando tanto a nivel estructural como superestructural, las cuales pueden llevar al deterioro de la hegemonía de la clase dominante, desencadenando una crisis orgánica.
Esto fue efectivamente lo que sucedió en diciembre de 2001, cuando se quebró el vínculo entre la clase dominante y la sociedad civil, producto de la desintegración del bloque ideológico que era el que mantenía la cohesión entre ambas partes. Esto hizo que la clase dominante perdiera, no solo la dirección ideológico-cultural, sino también la dirección política, el aparato del Estado.

Como sostiene Pierbattisti (2014) -que retoma a la psicoanalista Silvia Bleichmar para remarcar que una forma sumamente práctica de legitimación social es la resolución de una crisis orgánica, y que esto funciona, a la vez, como retaguardia en la memoria histórica-, se podría llegar a pensar que la crisis orgánica de 2001 ejerció dicho rol.

No obstante, la victoria de la derecha neoliberal en las elecciones presidenciales, sumado a la apelación a dicha retaguardia como parte de la estrategia de campaña del candidato oficialista echa por tierra con esta hipótesis, reflejando con suma claridad que la crisis orgánica de 2001 no afectó a un segmento considerable de la sociedad civil y que, más grave aún, no se logró nunca en estos doce años construir una hegemonía ideológico-cultural.

Para concluir, citamos textualmente las palabras de Gramsci (2013), dado su poder explicativo y su vigencia para el caso actual:
Así como en ésta ocurría que un encarnizado ataque artillero parecía haber destruido todo el sistema defensivo del adversario, cuando en realidad no había destruido más que la superficie externa, de modo que en el momento del asalto los asaltantes se encontraban con una línea defensiva todavía eficaz, así también ocurre en la política durante las grandes crisis económicas; ni las tropas asaltantes pueden, por efecto mero de la crisis, organizarse fulminantemente en el tiempo y en el espacio ni –aún menos- adquieren por la crisis espíritu agresivo, y en el otro lado, los asaltados no se desmoralizan ni abandonan las defensas, aunque se encuentren entre ruinas, ni pierden la confianza en su propia fuerza y en su propio porvenir. Es verdad que las cosas no quedan como estaban antes de la crisis económica, pero no se tiene ya el elemento de rapidez, de aceleración de tiempo, de marcha progresiva definitiva, como lo esperarían los estrategas del cadornismo político (pág. 421).


Bibliografía utilizada:

Portelli, H. (1973), Gramsci y el bloque histórico, México D. F.: Siglo XXI Editores.
Foucault, M. (1982), Le sujet et le pouvoir, en Dits et écrits II, Quarto-Gallimard, París, Reed. 2001.
Pierbattisti, D. (2014), Neoliberalismo y terror, Página 12, Disponible en: http://goo.gl/Ke848G
Gramsci, A. (2013), Antología, Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 1era edición, 5ta reimpresión.




[1] Para entender que la dominación no se logra solo por medio de la represión, recurrimos a la noción de relación de poder en Foucault (1982), quien la define como “una acción sobre la acción”: Lo que define una relación de poder es un modo de acción que no actúa directa e inmediatamente sobre los otros, sino que actúa sobre su propia acción. Una acción sobre la acción, sobre acciones eventuales o concretas, futuras o presentes. (…)El poder es un conjunto de acciones sobre acciones posibles: opera en el terreno de la posibilidad donde se inscribe el comportamiento de los sujetos que actúan: incita, induce, desvía, facilita o vuelve más difícil, amplía o limita, hace que las cosas sean más o menos probables; en última instancia, obliga o impide terminantemente.

3 comentarios:

  1. El tema es si en 12 años se puede lograr cierta "hegemonía ideológico-cultural." teniendo en cuenta que el los resabios evolucionados de la generación del '80 operarían para que esta "hegemonía" no prosperara, después de todo el modelo de dicha generación tuvo su implantación con algún grado de coercitividad sumado a décadas de educación "sarmientina"

    Releyendo a Pierbattisti (P/12) creo que uno de los grandes errores fue NO avanzar en un mayor intervencionismo considerando que la población en su mayoría estaría de acuerdo y lo apoyaría... pero buehhh.

    En ciertos posteos en la blogósfera se insiste con la carencia en la comunicación; y sí, puede ser, pero la verdad que no se si existe una forma adecuada de comunicar aunque se pulan ciertos excesos y tengo mis dudas acerca de la efectividad a pesar que se encontrare la forma correcta, a veces me parece que "comunicar" ciertos hechos políticos es como hablarle a -algunos- adolescentes.. al soberano dope digamos... que se ió.

    Saludos

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    1. Comparto Silenoz, se puede tener el mejor mensaje, pero sin el medio...no llega a nadie.
      Saludos

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  2. Muy buena la nota. Igual, refutar o confirmar una teoría por unos pocos miles de votos de diferencia...
    Salud!

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