lunes, 29 de junio de 2015

La visión chartalista del dinero

Cualquiera puede crear dinero; la cuestión es que el resto lo acepte.
Hyman P. Misnky
Desde un enfoque heterodoxo el dinero es concebido esencialmente como una construcción social, constituida como una promesa de pago. Su aceptación social e institucionalidad devienen fundamentalmente de sus dos características principales: la unidad de cuenta para expresar las relaciones de cambio entre las deudas, los precios y el poder de compra, y su capacidad para mantener y trasladar el valor en el tiempo.
Dentro del enfoque heterodoxo, una de las posiciones dominantes es la chartalista, más conocida como MMT (Modern Money Theory). Entre los diversos autores en los cuales se basa esta teoría se destacan A. Smith, G. Knapp, A. Lerner, J. M. Keynes y H. Minsky. Esta teoría establece que el Estado tiene un rol fundamental dado que no solo es el que define la unidad de cuenta del dinero sino que además es el que lo provee y el que impone su aceptabilidad social a través del cobro de impuestos.
Para poder entender este razonamiento resulta necesario mostrar cómo gasta y recauda un país soberano que emite su propia moneda, porque existe la creencia generalizada de que un Estado tiene que recaudar primero para poder gastar, cuando en realidad lo que sucede es lo contrario. El arraigo tan profundo de esta creencia radica en la asociación que se suele hacer entre las finanzas estatales y las de una familia, en la cual es evidente que primero se tiene que conseguir de algún modo el dinero necesario para poder gastar. Pero de ninguna manera se puede pensar al Estado como si fuera un hogar, porque éste detenta el monopolio de la creación de dinero, y por lo tanto necesita primero gastar para luego poder recaudar. Esto es así porque el dinero se “crea” cuando el Estado gasta.
Por ejemplo, en el hipotético caso de una economía en una situación inicial donde no hay dinero, el Estado no puede recaudar impuestos porque las personas no tienen los medios para pagar los tributos. Por lo tanto, el Estado debe primero crear el dinero para poder luego ponerlo en circulación. La manera de hacerlo es a través del gasto, por ejemplo contratando a esas personas y pagándoles un sueldo. Una vez que las personas tienen dinero, el Estado puede cobrarles los impuestos.
De manera análoga se realiza el cobro de impuestos (es decir, retirando dinero de la economía), y su objetivo principal no es financiar el gasto público sino la redistribución de los ingresos y el manejo de la demanda agregada.
Ahora bien, cuando un Estado gasta más de lo que recauda se origina un déficit fiscal. Esto es lo mismo que decir que el Estado introduce (gasta) más dinero del que retira (recauda) en la economía. Y, asumiendo una economía cerrada, los destinatarios de ese excedente de dinero son justamente las familias y las empresas. Lo que se observa, entonces, es que un déficit fiscal significa un incremento de la riqueza del sector privado, mientras que un superávit fiscal implica una destrucción de la misma[1].
Las objeciones que realizan Rochon y Vernengo (2013) al chartalismo son, básicamente, dos: por un lado, afirman que el razonamiento propuesto por esta teoría, acerca de que la razón principal de la existencia del dinero se debe a la capacidad del Estado de recaudar en la moneda de su elección no resulta apropiada; y, por otro, que la explicación cartalista sobre cómo el dinero es introducido en circulación no es compatible con el enfoque poskeynesiano.
Respecto a la primera crítica, lo que argumentan es que si uno analiza la historia del desarrollo del capitalismo a partir de la consolidación de las ciudades-estado italianas en 1648 con la firma del Tratado de Paz de Westfalia, lo que se observa es que los Estados tardaron casi doscientos años en poder controlar el mercado monetario (hecho que, según los autores, queda reflejado con la Ley de la Banca de Peel, sancionada en 1844). Durante esos doscientos años los Estados no pudieron establecer una moneda única dentro de su territorio; por el contrario, era frecuente encontrar varias monedas en circulación, que por lo general eran emitidas por bancos privados o por otros países. Asimismo, su poder para determinar el cobro de impuestos también resultaba bastante débil, lo que acarreaba un nivel de recaudación sumamente bajo. En suma, lo que se desprende del análisis anterior es que la explicación chartalista acerca de la existencia del dinero no resulta apropiada, dado que solamente en un período muy corto (y reciente) de la historia del capitalismo los Estados lograron consolidar su poder para determinar el nivel de recaudación y ostentar el monopolio de la creación del dinero.
En respuesta a esto, Tymoigne y Wray (2013) argumentan que la teoría chartalista no afirma que el cobro de los impuestos por parte del Estado sea necesario para la existencia del dinero, sino solo suficiente. Es decir, se acepta la posibilidad de que la explicación sobre el origen y la existencia del dinero pueda ser otra. No obstante, la explicación chartalista se muestra como la más sólida, tanto en términos lógicos como empíricos, frente al resto de las teorías sobre el surgimiento del dinero. Todavía más, esta teoría refleja de manera precisa el funcionamiento del dinero en la actualidad (hecho reconocido por Rochon y Vernengo), motivo por el cual resulta apropiada, a pesar de que la explicación sobre el origen del dinero siga siendo controvertida.
Respecto a la segunda crítica, Rochon y Vernengo afirman que la teoría chartalista propone una teoría monetaria muy similar a la que tiene el mainstream, dado que el dinero sería introducido de manera exógena por el Estado y luego multiplicado por el sector bancario. Para esto, los autores citan al propio Wray (1998).
No obstante, esta cita resulta descontextualizada, dado que en diversas partes del libro, Wray afirma que el enfoque del chartalismo se basa en la teoría del dinero endógeno. Por ejemplo:
In recent years, many theorists have contributed to the development of an ´endogenous money´ approach that it is in many respects related to the Chartalist position and to the view presented in this book. There are two fundamental precepts of the endogenous money view: 1) the ´supply´ of money generally expands to meet the ´demand´ for money; 2) the central bank has no direct, discretionary, control over the quantity of money (p. 32).
En realidad, lo que la teoría chartalista afirma es que la creación inicial del dinero es realizada por el Estado, pero que a pesar de lo anterior, ni éste ni el Banco Central tienen el control de los agregados monetarios, los cuales van a estar determinados por el nivel de la demanda de crédito y las decisiones de cartera de ahorro de los individuos. Asimismo, esta teoría adopta el enfoque circuitista del dinero, pero agrega que el inicio del circuito tiene que venir dado indefectiblemente por la creación de dinero por parte del Estado (sea a través de un préstamo o de un gasto), dado que los bancos privados, si bien pueden crear dinero, necesitan a priori de la existencia de las reservas bancarias para satisfacer sus necesidades de reservas y para llevar a cabo el mecanismo de compensación (Fullwiler, Bell y Wray, 2012).
Por otro lado, Tymoigne y Wray (2013) sostienen que la crítica de Vernengo y Rochon es incorrecta y refleja que estos autores malinterpretaron el término “apalancamiento” (leverage, en su versión original) como en utilizado en la actualidad por el mercado financiero. Tymoigne y Wray afirman que, si bien la oferta de dinero bancario es endógena y que no se basa en un multiplicador, esto no significa que los bancos privados no apalanquen las reservas provistas por el Banco Central, en el sentido de que los bancos privados pueden tomar una posición en ese activo sin tener que proveer el financiamiento del mismo.

Bibliografía utilizada
Rochon, L. y Vernengo, M. (2003), State money and the real world: or chartalism and its discontents, Journal of Post Keynesian Economics, Vol. 26, No. 1.
Tymoigne, E. y Wray, W. (2013), Modern money theory 101: A reply to critics, Levy Economics Institute, Working paper no. 778, Disponible en: http://www.levyinstitute.org/pubs/wp_778.pdf
Fullwiler, S., Bell, S. y Wray, W. (2012), Modern Money Theory: A Response to Critics, Universidad de Missouri, Documento de trabajo disponible en: http://cas.umkc.edu/economics/people/facultyPages/wray/papers/Working%20Papers/Fullwiler%20Kelton%20Wray%20MMT.pdf

[1] En términos contables, a partir de reordenar la identidad contable básica del producto se obtiene que:
(G – T) = (S – I) + (M - X)    
Donde G = Gasto, T = Impuestos, S = Ahorro del Sector Privado, I = Inversión, X = Exportaciones y M = Importaciones.
Esto significa que para una economía cerrada (M-X = 0), un déficit del Sector Público es por definición un ahorro del Sector Privado.
Desde ya que esto no significa que no exista un límite para el tamaño del déficit fiscal y su financiamiento. Para las economías abiertas y periféricas como la Argentina que no poseen una moneda que permite financiar los déficit externos, el límite viene dado por la restricción externa y se manifestaría a través de la caída del nivel de reservas (Abeles, Cuattromo, Mareso y Toledo, 2013).