sábado, 27 de diciembre de 2014

¿Existe un método "correcto" para la economía?

Aviso: entrada larga, aburrida e introductoria para todo aquel que no esté interesado en la metodología de la ciencia. Un tema sobre el que no escribí nada hasta ahora, pero que a partir de la lectura de varios trabajos comenzó a interesarme, especialmente porque ayuda a entender el devenir de la ciencia y la acumulación de conocimiento en cada disciplina. 

Al igual que las distintas ciencias, la visión respecto a su metodología se ha ido modificando con el transcurso del tiempo. Siguiendo a Blaug (1992), hasta mediados del siglo XIX el inductivismo era el enfoque utilizado para el desarrollo de la ciencia. Sin embargo, éste fue desplazado por el método hipotético-deductivo (MHD) que surgió de los trabajos del Círculo de Viena en los primeros años del siglo XX.

El MHD parte de una ley universal (del tipo “si pasa A, también sucede B”), sumado a una afirmación deductiva (los “explicantes”) con el objetivo de explicar algún hecho particular (el “explicando). La superioridad de este método reside en que las hipótesis (supuestamente) pueden ser contrastadas a partir de predicciones realizadas en base a las mismas.

Asimismo, a partir de lo anterior se argüía que el proceso de explicación involucraba los mismos pasos que la predicción, salvo por el hecho de que la primera es posterior a los hechos, mientras que la segunda es anterior a los mismos. Esto es lo que se conoce como la tesis de la simetría.

No obstante, esta tesis presenta algunos problemas. En primer lugar, resulta evidente que en muchos casos la predicción puede no ser acompañada por una (correcta) explicación. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en economía cuando se utilizan identidades contables para la predicción, siendo el caso más conocido el de la teoría cuantitativa del dinero, que parte de la identidad de cambio[1].

Por otro lado, también existen contraejemplos de casos donde hay explicación sin predicción, como en la teoría de la evolución de Darwin o el psicoanálisis. A pesar de lo anterior, Blaug sostiene que esto no termina siendo una crítica muy sólida y que por lo tanto el método apropiado debe poder explicar y predecir al mismo tiempo.

En parte como respuesta a este enfoque surge el método falsacionista de Popper, el cual buscaba en cambio definir criterios de evaluación para poder separar lo que era ciencia de lo que no lo era. Una de las principales críticas que realiza Popper al MHD es que éste definía como ciencia a aquellas teorías que utilizaban enunciados sintéticos que podían ser verificados. El problema con esto es que resulta imposible probar o verificar una teoría, dado que no se puede establecer leyes universales a partir de enunciados u observaciones particulares.

Por el contrario, cualquier ley universal puede ser refutaba a partir de una única observación. A partir de esta asimetría es que Popper establece su criterio de demarcación: se considera ciencia todo aquel cuerpo de enunciados sintéticos que pueden ser falsados a través de observaciones empíricas.

El principal problema que surge con el método falsacionista, y que es más grave aún en las ciencias sociales y particularmente en la economía, es que en la realidad resulta muy difícil falsar una teoría de manera concluyente, dado que por lo general al testear los explicantes no se puede distinguir entre la hipótesis particular y los enunciados auxiliares. De este modo, si queda falsado, se podría argumentar que esto se debe a que uno de los enunciados auxiliares era erróneo, manteniendo la hipótesis principal. Esto es lo que se conoce como la tesis Duhem-Quine.

Popper, al igual que los defensores del MHD, sostiene que la única manera de testear cada teoría es a partir de la falsabilidad de sus predicciones. Asimismo, su grado de corroboración va a depender del nivel de especificación de la teoría y de su poder predictivo respecto a las teorías rivales.

Uno de los problemas que presenta el método de Popper es que es fundamentalmente normativo. En este sentido, no presenta ningún quiebre respecto al MHD. En cambio, esto es lo que efectivamente sucede con el surgimiento de la teoría presentada por Kuhn, que presenta un enfoque descriptivo. Según este autor, el desarrollo de la ciencia no es lineal, sino que se divide en etapas, donde en condiciones “normales” existe un paradigma hegemónico que es aceptado por la mayoría de la comunidad científica. Sin embargo, con el transcurso del tiempo van surgiendo y se van acumulando distintas anomalías que el paradigma dominante no puede explicar (o que explica, pero a través de enunciados ad hoc) y que dan lugar a una revolución científica, donde un nuevo paradigma toma el lugar del anterior y se instala como el dominante, instaurando una nueva etapa de normalidad.

Se debe destacar que, posteriormente, Kuhn reconoció que este proceso no se da de manera violenta ni en secuencia lógica, sino que lleva tiempo, donde numerosos e inconmensurables paradigmas se disputan entre sí la hegemonía y se condicionan mutuamente. De lo anterior se desprende que el enfoque de Kuhn busca ser una descripción de la evolución de la ciencia, y que dicha evolución puede no venir acompañada de una creciente acumulación de conocimiento.

Posteriormente, y a modo de síntesis entre los métodos de Popper y Kuhn, Lakatos establece que en realidad la disputa no se lleva a cabo entre distintas teorías sino entre Programas de Investigación Científica (PIC), que son un conjunto de distintas teorías entrelazadas entre sí. Estos PIC comparten un núcleo duro, que contiene postulados metafísicos y heurísticos que no pueden ser falsados, el cual se encuentra cubierto por un “cinturón” protector que consiste en un conjunto de hipótesis auxiliares que pueden ser modificadas, eliminadas o reemplazadas para lidiar con las distintas anomalías que se van presentando.

De modo similar a lo planteado por Kuhn, a medida que las hipótesis auxiliares van siendo falsadas los PIC pueden ser considerados progresivos si incorporan nuevo contenido empírico o regresivos si solo tratan de acomodarse a los nuevos hechos a través de hipótesis ad hoc. De este modo, se obtiene un criterio de demarcación que es principalmente histórico, al tomar en consideración la evolución de las ideas.

A pesar de que es probable de que los avances en un mismo PIC o su reemplazo por otro conlleven alguna pérdida de contenido (problema que también se encuentra en el enfoque kuhniano), Lakatos cree que la ciencia progresa, y esto es debido a que, según este autor, los científicos se comportan de modo racional y optan siempre por el PIC progresivo por sobre el regresivo. Si bien acepta que a lo largo de la historia hubo casos donde esto no sucedió, donde las decisiones por uno u otro PIC estuvieron condicionadas por el contexto sociopolítico, aun así cree que la forma de analizar el devenir histórico de la ciencia es a partir de la racionalidad de los científicos a la hora de elegir.

Feyerabend, por el contrario, destaca que el principal problema que surge relacionado con lo anterior es que la mayoría de los hechos son teórico-sesgados (es decir, que están condicionados a priori por cierta conceptualización) y, dado que el avance de la ciencia implica siempre alguna pérdida de contenido, entonces no se puede decidir de manera racional entre un PIC u otro. Así, argumenta que no existe tal cosa como reglas universales metodológicas que sean respetadas por la academia, y que entonces la metodología no puede proveer una descripción general de la ciencia ni un método para distinguir entre ciencia y no ciencia.

En definitiva, lo que se desprende de lo anterior es que no existe un método correcto para verificar o falsar las teorías, y que por lo tanto no existe el conocimiento empírico cierto, y menos aún un método que asegure que el conocimiento que existe en un momento dado sobre la realidad sea el más preciso.




[1] Para una explicación más acabada de esta teoría, ver Blaug (1995). 

martes, 16 de diciembre de 2014

Autobombo: Seminario sobre la crisis europea

Por si a alguno le interesa, pasado mañana vamos a estar en un seminario junto a Esteban Bertuccio hablando sobre la crisis europea. Comentan Pablo Bortz y Cintia Gasparini.


lunes, 15 de diciembre de 2014

El problema de las matemáticas en la economía

Antes de que alguno nos salte a la yugular por el título, aclaro: no estoy en contra del uso de las matemáticas en la economía, todo lo contrario. Creo que en su justa medida son necesarias y aportan, sobre todo para el desarrollo de cualquier argumento; en muchos casos cuando exponemos un razonamiento y lo hacemos de forma verbal, existen serias posibilidades de que lo que estemos diciendo presente algún tipo de inconsistencia. Además, la formalización del argumento también enriquece la calidad de discusión, porque evita malos entendidos lingüísticos que se pueden llegar a dar (por ejemplo, entre una tasa de variación, una participación, un salto de nivel, etc., o en la ambigüedad de un término, como puede ser el efecto "acelerador" de la inversión).
Ahora bien, el problema es que en la actualidad la disciplina se pasó de rosca. Y el uso de las matemáticas pasó a ser un fin en sí mismo; es decir, pareciera ser que ahora es más importante el cómo que el qué: no importa tanto la validez del argumento que queremos decir si éste se presenta de modo elegante en términos matemáticos.
Un claro ejemplo de esto se puede observar en la evolución de la teoría del mainstream sobre el crecimiento endógeno. En un trabajo realmente excelente, Cesaratto muestra cómo esta teoría fue cambiando a lo largo del tiempo, desde el trabajo pionero de Solow hasta los modelos más recientes con capital humano y desarrollo tecnólogico. Y muestra que toda esta evolución se redujo, en realidad, a las distintas variantes matemáticas que presentó el modelo para hacer que sea estable. Lo que revela el trabajo es que primero se buscaba cómo hacer que el modelo sea estable, y luego se le buscaba una justificación (rídícula, en la mayoría de los casos) para tratar de acercarlos a la realidad.
De todos modos, el mejor ejemplo que vi hasta ahora es éste de J. Siegfried, que lleva al extremo el argumento. En el link está en inglés, acá se los dejo en castellano (en forma de imagen, porque blogger no deja poner fórmulas): 


domingo, 7 de diciembre de 2014

Una absurda obsesión

Dejo una nota que escribí sobre el déficit fiscal, que salió publicada en el suplemento Cash de Página 12:

DOMINGO, 7 DE DICIEMBRE DE 2014
SIGNIFICADO E IMPLICANCIAS DEL DEFICIT FISCAL

Absurda obsesión

 Por Juan Manuel Telechea *
Pocas recomendaciones de política económica se repiten tanto en la actualidad como la de reducir el déficit fiscal. Recomendación que no distingue orientación política, ya que la piden tanto los economistas de izquierda como los de derecha, opositores, e incluso algunos afines al gobierno actual.
¿Por qué esta obsesión? La respuesta de estos economistas es automática: el déficit fiscal genera inflación. Sin embargo, esta afirmación no resiste el más mínimo análisis, teórico ni empírico.
Para poder entender qué es el déficit fiscal resulta necesario mostrar cómo gasta y recauda un país soberano que emite su propia moneda, porque existe la creencia generalizada de que un Estado tiene que recaudar primero para poder gastar, cuando en realidad lo que sucede es lo contrario. El arraigo tan profundo de esta creencia radica en la asociación que se suele hacer entre las finanzas estatales y las de una familia, en la cual es evidente que primero se tiene que conseguir de algún modo el dinero necesario para poder gastar. Pero de ninguna manera se puede pensar al Estado como si fuera un hogar, porque éste detenta el monopolio de la creación de dinero, y por lo tanto necesita primero gastar para luego poder recaudar. Esto es así porque el dinero surge sólo cuando el Estado gasta.
En el hipotético caso de una economía en una situación inicial donde no hay dinero, el Estado no puede recaudar impuestos porque las personas no tienen los medios para pagar los tributos. Por lo tanto, el Estado debe primero crear el dinero para poder luego ponerlo en circulación. La manera de hacerlo es a través del gasto, por ejemplo contratando a esas personas y pagándoles un sueldo. Una vez que las personas tienen dinero, el Estado puede cobrarles los impuestos. Lo que se observa entonces es un flujo circular del dinero, que nace (con el gasto) y termina (con la recaudación) en el Estado.
De manera análoga se realiza el cobro de impuestos (es decir, retirando dinero de la economía), y su objetivo principal no es, insistimos, financiar el gasto público sino la redistribución de los ingresos y el manejo de la demanda agregada.
Ahora bien, cuando un Estado gasta más de lo que recauda se origina un déficit fiscal. Esto es lo mismo que decir que el Estado introduce (gasta) más dinero del que retira (recauda) en la economía. Y los destinatarios de ese excedente de dinero son justamente las familias y las empresas. Lo que se observa, entonces, es que un déficit fiscal significa un incremento de la riqueza del sector privado, mientras que un superávit fiscal implica una destrucción de la misma.
Al margen de su significado en términos macroeconómicos, el problema principal de estos economistas yace en cómo se financian los déficit fiscales, dado que la base fundamental de su trillada argumentación es que el financiamiento se realiza con pesos que emite el Banco Central (BCRA) y eso es lo que genera el aumento en el nivel de precios. Vemos entonces que el mecanismo por el cual el déficit generaría inflación es indirecto, y que no es otro que el arcaico argumento monetarista de que la emisión genera inflación.
El problema con esta teoría, repetido hasta el hartazgo, es que el orden de causalidad es inverso: toda economía capitalista necesita dinero para funcionar, y si la producción y los precios aumentan, está claro que la cantidad de dinero también debe hacerlo. Por lo tanto es la inflación la que “causa” la emisión, y no viceversa.
De aquí se desprende que el BCRA no controla la emisión de dinero, lo que hace es proveer toda la cantidad necesaria que demanda el sector privado. Esto significa que la oferta y la demanda de dinero se encuentran siempre en equilibrio, por lo que no puede existir tal cosa como un “exceso” de oferta, algo que estos economistas no se cansan de repetir para afirmar que por eso bajaría el precio del dinero, aumentando la inflación.
Otro punto por destacar es que, una vez que el dinero está puesto en circulación, los bancos privados pueden acrecentar esa cantidad de moneda a partir de la demanda de créditos provenientes del sector privado. Esto lo hacen “creando” dinero (por medio de depósitos bancarios), a la vez que obtienen un beneficio por la tasa de interés que cobran. Siguiendo la lógica de estos economistas, no se entiende por qué no critican con la misma ferocidad a los bancos, que también serían culpables de expandir la emisión.
Por último, a nivel empírico los datos para la Argentina no muestran una correlación estrecha entre la emisión y la inflación: tomando los datos de cualquiera de las consultoras privadas, lo que se observa es una inflación relativamente estable entre 2010 y 2013, mientras que la emisión monetaria se expandió notablemente entre 2010 y mediados de 2011, y en todo 2012. Paradójicamente, a fines de 2013 se observa un aumento de la inflación acompañado de una caída en la tasa de emisión, lo opuesto a lo que esta teoría afirma.
A pesar de todo lo anterior, se podría argumentar que en la actualidad el financiamiento del déficit fiscal pasó a ser una de las fuentes principales de creación del dinero y que justamente esta variable sí es controlada por el Gobierno. Esto es efectivamente lo que viene sucediendo desde 2013 y lo que va de 2014. Sin embargo, de nuevo, esto demuestra que estos economistas no entienden cómo funciona una economía capitalista, pero periférica, como la Argentina: en un contexto de menor crecimiento y de escasez de divisas como el que se observa desde principios del año pasado, el financiamiento del déficit fiscal funcionó como un factor contrarrestante de la contracción monetaria. ¿Por qué sucede esto? Porque los exportadores, que son quienes ingresan los dólares y a cambio reciben pesos (lo que se traduce en un aumento de la cantidad de dinero) últimamente no lo están haciendo al ritmo de años pasados. Esta había sido hasta ahora la principal fuente de creación del dinero.
A partir de todo lo anterior, no debería hacer falta aclarar que no se puede culpar al financiamiento del déficit fiscal como el causante de la inflación. Pero, como decía Voltaire, a fuerza de repetir una necedad terminamos creyéndola, así que vale la aclaración.
¿Esto implica que el déficit fiscal se puede financiar infinitamente? Desde ya que no. Toda política expansiva tiene límites. Pero, por lo general, éstos se encuentran bastante más allá de lo que afirma la ortodoxia
* Economista (UBA), docente (UNLZ).