martes, 29 de noviembre de 2011

Europa: en terapia intensiva.

Gracias a las entradas de Abel y de Siri (con info de la BBC y The Economist) uno puede rápidamente percatarse de la delicadísima situación en la que se encuentra Europa.
Así que más abajo les dejo la foto y el relato de la crisis europea: el mapa de deuda de los principales países europeos y el extracto de la editorial de The Economist.

























































“Aún cuando la eurozona se mueve hacia su destrucción, la mayor parte de la gente está convencida de que, al fin y al cabo, los gobiernos harán lo que sea para salvar a la moneda única. Y esto es así porque las consecuencias que traería la destrucción del euro serían tan catastróficas que nadie responsable podría permanecer mirando como esto ocurre.
El quiebre del euro podría causar un desastre global aún peor que la crisis del 2008-2009. La región del mundo financieramente más integrada se vería destrozada por defaults, quiebras de bancos y la imposición de controles de capital. La zona del euro podría hacerse añicos, o bien reagruparse en un gran bloque al norte y uno fragmentado al sur. Y en medio de recriminaciones y rupturas de acuerdos como consecuencia del fracaso del mayor proyecto económico de la Unión Europea, las variaciones bruscas de los tipos de cambio entre las monedas de los países que estén en el centro y de los que estén en la periferia casi con certeza provocarían que el mercado único se paralice. Y la supervivencia misma de la Unión Europea quedaría en duda.
La amenaza de un desastre no siempre logra impedir que ocurra. Las chances de que la zona del euro estalle y se haga añicos han aumentado en forma alarmante, gracias al pánico financiero, a previsiones económicas que se vuelvan más y más pesimistas y a dirigentes testarudos que juegan al borde del abismo. Las probabilidades de un aterrizaje suave se están reduciendo muy rápidamente.
Los crecientes temores de los inversores de que el euro quiebre han estado alimentando una fuga de los activos de las economías más débiles, una estampida que ni siquiera las acciones de sus gobiernos pueden detener. El último ejemplo de esto es España. A pesar de la aplastante victoria electoral del Partido Popular en las elecciones del 20 de noviembre, los costos del país para solicitar préstamos han seguido aumentando. El gobierno ha debido pagar recién el 5.1% de interés por un préstamo a tres meses, que es más del doble del interés que abonaba hace apenas un mes. Las tasas de interés para los bonos a diez años superan el 6,5%. El nuevo gobierno tecnocrático de Italia comandado por Mario Monti tampoco ha logrado mejora alguna: el costo por los bonos italianos a diez años de vencimiento sigue estando muy por encima del 6%. Los costos para préstamos negociados por Francia y Bélgica están aumentando. Y en esta semana, fracasó la oferta pública realizada por Alemania de Bonos propios.
No es menos alarmante el pánico que ha invadido a los bancos europeos. Se les ha secado el acceso a los mercados “mayoristas” de fondos, y el mercado interbancario está en cuestión, ya que los bancos se niegan a prestarse entre ellos. Las empresas están retirando los depósitos de los bancos en países periféricos. Esta corrida por la puerta trasera está forzando a los bancos a vender sus activos y comprimir los préstamos; el ajuste al crédito podría ser mucho más profundo que el sufrido por Europa cuando se produjo la caída de Lehman Brothers.
Agreguen a esto la aún mayor austeridad fiscal que se impone en toda Europa, más el colapso del comercio y de la confianza del consumidor, y se verá que hay muy pocas dudas de que la zona del euro atravesará una profunda recesión en 2012. Esto conducirá automáticamente a un círculo vicioso en el cual la recesión ampliará los déficit presupuestarios, inflará las deudas de gobiernos y fomentará la oposición popular a la austeridad y las reformas. El temor a las consecuencias hará que los inversores se alejen mucho más rápidamente hacia las salidas, cualesquiera sean.
Las crisis financieras del pasado muestran que esta espiral descendiente sólo puede ser frenada mediante políticas valientes. Pero los dirigentes políticos de Europa no parecen ser capaces ni tener el coraje suficiente. El tan cacareado apalancamiento del Fondo de Rescate acordado en octubre no está conduciendo a nada. Los líderes de la eurozona se han hecho adeptos a hablar de fastuosos planes a largo plazo – más supervisión fiscal, nuevos tratados para avanzar en integración. Pero no ofrecen ideas para contener el incendio actual.
La cautelosa canciller de Alemania, Angela Merkel puede ser impiadosamente eficaz cuando de política se trata: vean sino la manera que ayudó a moverle el piso a Silvio Berlusconi. Pero un “credit crunch” es mucho más difícil de manejar. Junto a otros países acreedores, se niega a reconocer el grado de pánico en los mercados. El Banco Central Europeo rechaza la idea de actuar como prestamista de última instancia de gobiernos en serias dificultades pero que son solventes. El miedo de crear un “riesgo moral”, que la ayuda alivie la presión sobre el país deudor para que acepte las reformas, aparentemente es suficiente para frenar todo plan de rescate. Esto sólo acrecienta el nerviosismo de los inversores con todos los bonos de la eurozona, incluyendo los de Alemania, y convierte un eventual colapso de la moneda en más plausible.
Esta situación no puede continuar por mucho tiempo más. Si no se produce un cambio realmente dramático de parte del Banco Central Europeo y de los líderes de Europa, la moneda única podría quebrarse en muy pocas semanas más. Numerosos eventos, desde la caída de algún banco grande. el colapso de un gobierno, hasta el fracaso de una subasta de bonos, podrían causarlo. En la última semana de enero, Italia tiene que refinanciar más de 30 mil millones de euros en bonos. Si los mercados se resisten y el Banco Central Europeo sigue inmóvil, el tercer mayor deudor de bonos soberanos del mundo podría ser empujado a declarar su default.
… No es posible que la Sra. Merkel y el BCE sigan amenazando un día a las economías descarriadas con que serán excluidas del euro, y al siguiente tranquilizar a los mercados con la promesa de que salvarán al euro. A menos que ella decida pronto, la canciller alemana se dará cuenta que la elección ya ha sido hecha por ella“


Ejercicio mental para los agoreros argentinos: volver a observar con atención los ratio deuda/PBI de los países europeos. Luego observar el de Argentina. Respirar profundo. Y ahora preguntarse si existe la posibilidad de que haya una crisis en el país.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El inicio del conflicto

 El 15 de mayo de 2003, un día después de que el innombrable se bajara del ballottage, Escribano publica este editorial en el diario La Nación y marca el inicio de lo que se vendría:


Treinta y seis horas de un carnaval decadente
Por José Claudio Escribano | LA NACION


Más notas para entender este tema


Han sido treinta y seis horas lastimosas, pero no hay que dar por el pito más de lo que el pito vale.
Lo decían nuestros padres. Lo podemos decir nosotros. El pito del justicialismo vale bien poco en relación con el interés del país, que debe seguir adelante merced al trabajo silencioso y esperanzado de sus gentes.
Han sido treinta y seis horas de un carnaval decadente, que entristeció, y hasta enfureció, a muchos argentinos, tal vez porque creyeron que el haberlos privado del ballottage comprometía la gobernabilidad. Grave error: la gobernabilidad está comprometida desde antes de ahora, como se verá más adelante. Otro asunto, aunque de menor cuantía, ha sido el agravio acusado por los ciudadanos cuando percibieron que alguien les tomaba el pelo.
Debemos bajar el énfasis indiscriminado en cuanto a la importancia de los hechos que producen los políticos argentinos. Y examinarlos de acuerdo con su real importancia. Más significativo que la toalla arrojada sobre el ring por un menemismo devastado por la catástrofe inminente e inevitable del domingo es el pésimo discurso pronunciado por el ahora presidente electo.
Menem se ha ido de la peor de las maneras; Kirchner, llega. La primera medida de gobierno del doctor Kirchner deberá ser la cesantía de quien ha escrito ese discurso, y, si fue él mismo quien acometió su redacción, convendrá que ya mismo derive en otro la delicada tarea de escribir si es que aspira a ser un verdadero jefe de Estado.
Se sabe que Kirchner está hablando con muy poca gente, encerrado en un círculo íntimo difícil de caracterizar, pero en el que es obvio que gravita su mujer, Cristina, senadora nacional. Faltan apenas diez días para la asunción del mando y, salvo la noticia en general alentadora, de que el doctor Roberto Lavagna continuará en la cartera de Economía, es un misterio cómo se configurará el nuevo gabinete nacional.
* * *
Perdió el presidente electo una oportunidad de excelencia para ponerse por encima de las rencillas asombrosas del Partido Justicialista, tanto que terminaron por involucrar al país todo. Gracias doctor Menem, al fin y al cabo, por haber liberado a quienes jamás han votado por candidatos del PJ, pero tampoco lo han hecho nunca con el signo negativo del voto en blanco o anulado, de la encrucijada morbosa que acechaba en el cuarto oscuro del domingo próximo.
Ante una sociedad ansiosa por su destino, Kirchner cayó en la trampa tendida por el rival: ahondó los odios y las diferencias con Menem y hasta se permitió la temeridad de sembrar dudas sobre cuál será el tono de su relación con el empresariado y con las Fuerzas Armadas. Se olvidó de que la razón de que hablara ayer por la tarde era, justamente, que en ese momento dejaba de ser el candidato que había competido por largos meses por la Presidencia de la Nación y se convertía en el presidente electo de la Argentina.
En la penosa urdimbre de este final inesperado de la contienda electoral de doble vuelta se observó un caos de fondo, como si el estreno de la obra hubiera tomado por sorpresa no sólo a los actores, sino, cosa notable, al guionista, al escenógrafo, al director y a los productores.
Aquí es cuando vuelven a resonar cuatro palabras en los oídos de quien quiera hubiera puesto atención en el discurso de cierre de campaña del doctor Adolfo Rodríguez Saá, el jueves previo a la primera vuelta: "Gozo de buena salud".
Fueron cuatro palabras herméticas, pero acaso las más insinuantes y reveladoras de una campaña que movilizó de manera modesta a la opinión ciudadana. Cuando un candidato dice que goza de buena salud lo natural es que impulse un interrogante general sobre cómo andan los restantes competidores.
La lucha política exige algo más que un certificado de buena salud, si es que éste fuera posible. Impone condiciones extremas de atención, de reflejos psíquicos y de esfuerzos físicos severos, que se hacen sentir en vidas largas y accidentadas. Ricardo López Murphy, uno de los candidatos que se supone entraron más enteros a la liza, dice haber terminado exhausto.
¿Cómo quedaron los demás? ¿Cómo se sintió el doctor Menem, llamativamente incapaz como estuvo, en la noche de la primera vuelta, de controlar el orden más conveniente en ese hotel convertido en un pandemonium?
¿Cómo no reaccionó ante el escenario sorprendente, en el que se movían espectros de una farándula que las pantallas inclementes de la televisión proyectaban como artero envío del enemigo? ¿Por qué apadrinó, con vistas a los comicios que restan para el año, candidaturas imposibles?
¿Por qué hubo tanto desorden en la campaña del ex presidente? ¿Por qué haber dejado que su nombre se asociara a los peores nombres, en lugar de haber abierto paso a quienes habían sido identificados como protagonistas de lo mejor de su doble gestión presidencial o que podían ser el anticipo de la renovación apropiada y por algún motivo esencial anunciada por Menem mismo más de una vez en la campaña?
¿Por qué, en fin, transfiguró Menem, en la noche del 27 de abril, lo que debió ser un discurso chispeante de victoria al fin, en una pobre y agria arenga que alertó al país sobre una incalculada derrota?
Kirchner admite en la intimidad -en el ámbito reducido en el que el visitante registra en él la voluntad de escuchar, de aprender- que contó con la ventaja del handicap inesperado recibido de parte de quien ha sido su adversario principal.
* * *
El temor colectivo que se percibe como saldo principal de la fuga de Menem es que éste haya herido la gobernabilidad del país. Para ser justos, habría que preguntarse, también, en cuánto ha contribuido a esa desazón el inoportuno discurso de Kirchner.
Convendrá decir, ante todo, que el problema de la gobernabilidad es preexistente al de la decisión de Menem, un político, además, que se encuentra al final de una larga carrera, no en el apogeo.
Es más: ninguno de los candidatos que se presentaron en la primera vuelta -ni siquiera quien fue su principal revelación, reafirmada con las palabras que eligió ayer, López Murphy- era por sí mismo garantía de estabilidad institucional en el período por abrirse en días más.
La política argentina se encuentra gravemente fragmentada. El Congreso, en ambas cámaras, es un reflejo de esa crisis. El Poder Judicial se arroga facultades propias de la administración como no ocurre en ningún país serio, desde las finanzas a la determinación de cuáles deben ser las tarifas de los servicios públicos, y se abstiene de actuar, por añadidura, precisamente donde debería hacerlo. Los sindicatos y las entidades representativas de las empresas no cumplen un papel más lucido que aquellos otros de los que reclaman un mejor ejemplo.
Ese es el país con el que los argentinos se han abierto al siglo XXI.
El hecho de que Kirchner se instale en la Casa Rosada con sólo el 22 por ciento de los sufragios acentúa, en principio, el problema de la gobernabilidad, pero está lejos de crearlo. Kirchner llega precedido, y no lo ignora, por una cuestión institucional que se manifestaba con claridad en los días en que Menem proclamaba que vencería con sólo una vuelta electoral.
El Consejo para las Américas estaba reunido en Washington cuando el lunes 28 se hacían los últimos cómputos provisionales de las elecciones. Es un cuerpo que congrega a cuantos tienen en los Estados Unidos una opinión de peso que elaborar, tanto en el campo político como empresarial, sobre los temas continentales. Desde Colin Powell a David Rockefeller.
¿Qué pudieron esos hombres haberse dicho sobre la Argentina, después de conocer los resultados del escrutinio y, sobre todo, los ecos de la infortunada noche de Menem en el hotel Presidente?
Primero, se dijeron que Kirchner sería el próximo presidente. Segundo, que los argentinos habían resuelto darse un gobierno débil.
Podríamos pasar por alto una tercera conclusión, porque las fuentes consultadas en los Estados Unidos por quien esto escribe difieren de si se trata de la opinión personal de uno de los asistentes o de un juicio suficientemente compartido por el resto. Sin embargo, la situación es tal que vale la pena registrarla: la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año (!).
* * *
Esto demuestra que el problema de la gobernabilidad argentina es anterior al espectáculo ofrecido por el doctor Menem. El país suscitaba preocupación en Washington respecto de su futuro con prescindencia de la pirotecnia de última hora.
Ninguna de las conclusiones que dejamos expuestas, y menos la tercera -a la que debe interpretarse como una metáfora de la segunda-, merece otro valor que el de un balance informal, casi académico, entre personalidades con la responsabilidad de prefigurarse el horizonte que el mundo tendrá ante sí. Pero interesa conocerlas por exponer la gravedad de las reflexiones en Washington sobre el futuro posible de la Argentina.
Kirchner conoce esa información desde el lunes 5. Y su respuesta fue que él está de acuerdo en que el principal asunto por resolver en el país es el de su gobernabilidad.
No debería, por lo tanto, el presidente electo desaprovechar lo mejor del discurso de Menem al abandonar la lucha sin que hubiera una sola denuncia judicial de fraude electoral o una sola mesa de votación impugnada en el país. Fue cuando Menem predicó sobre la necesidad de construir consensos y anunció que se contaría con su contribución a la gobernabilidad. La gravedad del tema hace deseable que esa contribución sea una realidad, al menos, a partir de hoy.
Ha caído, al fin, el telón sobre una decepcionante obra de treinta y seis horas. No demos por el pito más de lo que el pito vale, como decían nuestros padres. Dejemos atrás este nuevo papelón de la política argentina.
Pensemos entre todos cómo remontar con el trabajo y el estudio una crisis extenuante, de no menos de cinco años seguidos a estas alturas, y estimulemos al nuevo presidente a que traduzca en los hechos lo que promete con entusiasmo en la conversación privada: "Hay que mejorar la calidad de las instituciones, hay que gerenciar la administración del país". .

viernes, 18 de noviembre de 2011

El debate se muda a Estados Unidos


Gregory Mankiw es uno de los economistas más reconocidos mundialmente. Actualmente da clases en Harvard y su manual “Principles of Economics” es uno de los más utilizados en los cursos introductorios de economía. Obviamente estamos hablando de un economista “ortodoxo”.
A través de una nota periodística que él mismo publicó en su blog (y acá está la carta que le enviaron los alumnos que dejaron su curso), se puede ver que el debate que se está planteando en este momento en las dos principales facultades de economía del país no es un fenómeno local impulsado por el gobierno para enseñar economía kirchnerista (como quieren hacer creer Clarín y La Nación acá y acá) sino un debate latente entre ortodoxia vs heterodoxia cuyos inicios datan desde la publicación de la Teoría General de Keynes en 1936 y que la crisis logró reflotar.
Como se puede observar tanto en la nota periodística como en la carta de los alumnos, el pedido es muy similar al planteado en nuestro país: hace falta una mayor apertura en los contenidos de la carrera para que el estudiante no salga solamente sabiendo qué es lo que dice la ortodoxia.  Además, como bien sabemos todos los argentinos, la ortodoxia muchas veces no sirve ni para explicar ni para resolver una crisis. No hace falta ser un experto en economía para entender que las medidas de ajuste que se quieren imponer a los países europeos no solo no son las adecuadas para resolver la crisis sino que además paradójicamente apuntan a salvar a aquellos que la originaron a costa de la gente, que es siempre la que termina pagando los platos rotos.
Por último, les dejo una traducción que hizo Lucas Llach de un trabajo que ejemplifica bastante bien el problema básico que tiene la economía ortodoxa: NO SIRVE PARA INTERPRETAR LA REALIDAD.

A un estudiante de posgrado en una típica universidad americana o europea que aprenda macroeconomía le enseñarán que la macro puede ser descripta como un conjunto de consumidores y empresas representativas que de manera continua optimizan planes a lo largo de varios períodos; y que para hacerlo utilizan toda la información disponible, incluso la que está implícita en el model matemático en cuestión. Estos consumidores y empresas no sólo entienden perfectamente las complejidades de cómo funciona la economía; también conocen las distribuciones estadísticas de todos los impactos que pueden golpear a la economía. Por lo tanto, pueden hacer predicciones probabilísticas científicamente fundadas acerca de los futuros impactos. En este mundo de deidades no hay incertidumbre, sólo hay riesgo. No puede haber fallas de coordinación porque el “agente representativo” internaliza todas las externalidades posibles. Las bancarrotas de empresas y personas son imposibles. Las burbujas o los pánicos no ocurrirán jamás porque agentes racionales que utilizan toda la información disponible jamás dejarán que eso ocurra. El desempleo prolongado tampoco es posible excepto cuando los consumidores deciden tomar ratos más largos de ocio.
Habiendo aprendido a manejar los secretos de los Modelos Dinámicos de Equilibrio Estocástico (DSGE en inglés), nuestro brillante Ph.D. recién recibidos iniciará su carrera académica enseñando este mismo modelo a la siguiente generación de estudiantes de doctorado.
En el proceso de aprender las habilidades supremas de resolver los modelos DSGE, nuestro graduado del Ph.D. no habrá aprendido lo que es el multiplicador de la inversión, ni tendrá la menor idea de lo que significa la paradoja del ahorro. Habrá aprendido, en cambio, que por la ley de equivalencia ricardiana los déficits públicos no afectan el nivel de producto.
Y entonces llegó la crisis financiera.  ¿Le sorprenderá a los observadores neutrales que nuestro graduado del Ph.D. quede mudo y sólo sea capaz de sugerir que algún impacto no previsto debe haberle pegado a la economía?
Ese mismo observador debería considerar natural, también, que los hacedores de política económica no pidieran el consejo de este reciente Ph.D. capaz de manejar complejos modelos de DSGE. En cambio, quienes llevan adelante la política económica fueron directamente a las cosas que se enseñaban en los libros de macroeconomía hace 40 años, antes de que la escuela del Ciclo Económico Real y la revolución de las Expectativas Racionales capturaran a la profesión del macroeconomista. Aplicaron los principios keynesianos que se encuentran en esos libros de texto, aumentando masivamente los déficits fiscales e inundando los mercados monetarios con billones de dólares de liquidez. Cuarenta años de intrincado modelismo usando los paradigmas de Expectativas Racionales y Ciclo Económico Real se tornaron inútiles, incluso aquellos que tenían algunos matices neokeynesianos con rigideces de precios o salarios. Estos modelos no podían responder la pregunta de qué tenían que hacer las autoridades cuando la crisis golpeara. La razón fundamental por la que estos modelos no podían decir nada útil era que sugerían que las crisis del tipo que comenzó en 2007 no podían ocurrir. Por defecto, los hacedores de política económica recurrieron a Keynes para responder esta pregunta.