miércoles, 31 de agosto de 2011

De cara al 2012: La inflación


El lunes tuve la posibilidad de ir al congreso de AEDA a ver la mesa de debate entre Eduardo Curia, Leandro Serino, Héctor Valle y Eduardo Levy Yeyati (muy bueno por cierto, ya que fue la primer mesa de debate que vi de AEDA en la cual efectivamente hubo un debate –breve, eso sí).
Si bien el tema era “Perspectivas macroeconómicas: crecimiento, empleo e inclusión social” el foco de todos los panelistas estuvo puesto en cómo encarar los próximos años, y más específicamente en cómo solucionar los problemas de la cuenta corriente y la inflación. Creo que estos dos temas ya se instalaron en la agenda del gobierno como los grandes desafíos para el 2012.
Arranquemos por la inflación, ya que parece ser un poco más fácil su respuesta. Como todo fenómeno económico, tanto sus raíces como sus posibles soluciones no son únicas. Si bien a lo largo de estos años se le atribuyeron varias causas a este problema (inflación estructural, exceso de demanda, el grado de monopolización de la industria, inflación importada, aumentos desmedidos de los salarios, etc.), parecería que, en realidad, no se puede identificar solo una de éstas sino que todas estarían actuando al mismo tiempo.
A pesar de que esto pareciera complicar la situación, en realidad creo que la simplifica, ya que no quedan muchas cosas por hacer para poder reducirla en el corto plazo:
-       Si hablamos de inflación importada a causa del alto precio de los commodities, la respuesta son las retenciones (o sea que acá no se puede hacer más nada).
-       Si en cambio hablamos de aumentos desmedidos de los salarios, como vimos, éstos no causan la inflación sino que actúan como mecanismo de transmisión y por lo tanto lo que se debería hacer en las próximas paritarias es negociar un aumento acorde al nuevo nivel de inflación esperado para el 2012.
-       Por otro lado tenemos los factores relacionados con la estructura productiva del país: la monopolización de la industria y los cuellos de botella (que se producen cuando la demanda supera la oferta y por lo tanto provoca la suba del precio en esa rama). Aquí tenemos medidas cortoplacistas del tipo ya aplicadas por Moreno (acuerdo de precios, carne para todos, precios máximos, etc.) que fracasaron rotundamente y medidas de más largo plazo como pueden ser la ampliación de la estructura productiva o un mayor control sobre los sectores de la industria que ejercen monopolio (que no entrarían en esta discusión justamente por el lapso de tiempo que tardan en cristalizarse).
-       Por último nos queda el exceso de demanda. Éste puede ser generado tanto por un exceso del gasto público como de emisión monetaria. Dado que parte del gasto público se financia con emisión, entonces aquí la medida sería una sola: reducir la emisión (y esto puede implicar, o no, una reducción del gasto público).
-       Otra opción sería la aplicación de metas de inflación por parte del BCRA. El análisis de un programa de este estilo requiere un post aparte. Sin embargo, básicamente los motivos por los cuales no parece apropiado son varios: como cualquier regla, te quita capacidad de respuesta ante shocks externos; te pone un techo al nivel de crecimiento; y además puede generarte problemas de apreciación y primarización como está sucediendo en Brasil.
En conclusión, si se quiere reducir la inflación en el corto plazo (digamos de acá a 1 ó 2 años) lamentablemente parece que no queda más remedio que reducir la emisión monetaria. Sin embargo esto debería ser complementado con medidas que apunten a mejorar y ampliar la estructura productiva argentina para evitar la monopolización y los cuellos de botella en la industria en el futuro.

NOTA EX-POST: Hoy salió el proyecto de presupuesto para 2012 en el cual se contempla una reducción del gasto público con el objetivo de alinearse con la recaudación y una desaceleración del crecimiento (esto último tiene relativa importancia ya que hace bastante que se viene subestimando el crecimiento en el presupuesto).

sábado, 27 de agosto de 2011

¿Y ahora?


Unos días atrás Eduardo Levy Yeyati publicó en su blog una entrada que habla sobre el modelo económico argentino. Su análisis retrospectivo del mismo, es bastante similar al realizado en este blog, aunque con un grado de profundidad notablemente superior.
Además, él va un poco más allá y ve para el futuro inmediato dos opciones a nivel macro: continuidad de las tendencias actuales (salida neta de capitales, presión cambiaria, inflación en ascenso, cuellos de botella y desaceleración del crecimiento); o renovación (manejo de las expectativas de crecimiento privilegiando la inversión por sobre el consumo, estabilización de precios a través de un programa de metas de inflación y sinceramiento del INDEC, recuperación del margen externo para reducir el costo financiero; todo lo cual atraería inversiones extranjeras y repatriación de capitales).
A su vez, estas dos opciones plantean distintas formas de manejar el tipo de cambio y la cuenta corriente: lo que está tratando de hacer el gobierno (evitar la apreciación y al mismo tiempo mantener el superávit de cuenta corriente para proteger la industria nacional); y lo que plantea Eduardo y que es similar a lo que está sucediendo en Australia y (en menor medida) en Brasil (tipo de cambio apreciado y cuenta corriente deficitaria financiada por inversión extranjera directa y de cartera).  La crítica que desprende del manejo actual del gobierno es entonces que no hace falta tratar de mantener el superávit de cuenta corriente ya que es errónea la interpretación de que la crisis de 2001 haya sido causada por el sobreendeudamiento.
Sin embargo creo que existirían dos salvedades por remarcar. Por un lado, habría que analizar no solo el impacto puramente económico que tiene un incurrimiento en un déficit de cuenta corriente sino también el impacto político: podría llegar a transformarse en un alto costo político la presencia de este déficit para la sociedad, magnificado  seguramente por los principales medios de comunicación. Y, aunque más difícil, podría llegar a generar una corrida bancaria que presione aún más sobre el dólar y la suba de precios. Por otro lado, podría suceder que la otra opción denominada “renovación” atraiga en su mayoría capitales de corto plazo especulativos, como está sucediendo ahora en Brasil, cuyo impacto sea una fuerte apreciación y primarización de la economía (algo de lo que hablamos acá).
Entonces la solución, ¿cuál sería? Una pregunta bastante complicada, aunque me atrevería a arriesgar que involucra parte de ambas propuestas anteriores: continuar sin caer en el déficit de cuenta corriente y a su vez reducir la inflación (sincerando el INDEC pero sin establecer un programa de metas de inflación que puedan atraer capitales especulativos). Una vez logrado esto último, si la caída en la inflación supera la depreciación del dólar, entonces la depreciación real de la moneda tendrá un impacto positivo en la balanza comercial que aliviará las tensiones en la cuenta corriente. 

viernes, 12 de agosto de 2011

Paritarias e inflación

Aprovecho la salida del anonimato para dejar otra nota que publicamos con mi viejo en el suplemento Cash de Página 12 hace ya un tiempo.

DOMINGO, 5 DE DICIEMBRE DE 2010
NUEVAS ZONCERAS ECONOMICAS. SALARIOS E INFLACION

No son culpables

La ortodoxia insiste en señalar el alza salarial como principal causa de la inflación. Pero la incidencia de la mano de obra es cada vez menor en la formación de los costos de las empresas.

 Por Ruben Telechea y Juan Manuel Telechea
“Los aumentos salariales son los causantes de la inflación.” Esta es posiblemente la madre de todas las zonceras que se han incorporado. Y se repite asiduamente en la actualidad, donde ciertos voceros quieren presentar a las alzas de salarios como responsables principales de la inflación de los últimos años. En primer lugar es importante destacar que en razón del grado de avance tecnológico que presenta la mayoría de las actividades económicas, la incidencia de la mano de obra es cada vez menor en la formación de los costos de las empresas, aquí y en cualquier lugar del mundo. Por supuesto que es una generalización, ya que esto depende fundamentalmente del tipo de actividad: no es lo mismo una siderúrgica que una empresa de limpieza.
Así como se calculaba hace cincuenta años que la incidencia de la mano de obra en los costos de una empresa industrial era de 40 a 50 por ciento, hoy se estima que oscila de 10 a 20 por ciento. En el promedio del 15 por ciento significa que un aumento salarial del 20 por ciento impactará en apenas un 3 por ciento en el costo final del producto. Esta es una primera aproximación para derribar esta zoncera, pero no la única.
Algunos autores como Marcelo Diamand mencionan que en la “inflación de costos” se puede encontrar una justificación que explica la suba de precios a través de los aumentos salariales: si éstos superan al aumento en la productividad, se reduce la tasa de ganancia de los empresarios, lo que incentiva al aumento de los precios para contrarrestar esta pérdida. En la Argentina, si se compara la suba del salario real de los últimos años con la productividad, aun tomando la estimación más alentadora (la del Indec), sería muy difícil explicar la inflación utilizando esa premisa, ya que si bien la relación salario real-productividad mejoró aproximadamente un 20 por ciento, la suba de precios fue cercana al 150 por ciento durante el mismo período.
Como no se puede encontrar la causa de ese comportamiento, correspondería entonces pasar a analizar la otra explicación teórica de la inflación de costos propuesta por Diamand, es decir, el grado de monopolización de la industria: buscar la suba de los precios por el lado de la concentración en pocas manos de sectores que se constituyen en fuertes formadores de precios, fundamentalmente aquellos productores de materias primas y bienes semielaborados. Según Diamand, cuando esas ramas de la industria se encuentran muy concentradas, al no existir prácticamente la competencia, pueden aumentar sus precios de venta, afectando a todas las empresas abastecidas. De esta forma se genera un aumento en sus costos que se traduce finalmente en un aumento de los precios percibidos por el consumidor.
Algunos ejemplos: sólo dos empresas en el país fabrican tolueno (Repsol–YPF y Petrobras), el producto petroquímico del que deriva el plástico. Este insumo se utiliza para elaborar envases para gran parte de los bienes de consumo. Una sola compañía produce el 99 por ciento de chapa laminada en frío y el 84 por ciento de la laminada en caliente (Siderar). Con estos materiales se fabrican vehículos, tractores, hojalata para envases, heladeras, lavarropas, cocinas y otros electrodomésticos. Aluar tiene el monopolio del aluminio, otro insumo de uso difundido. En el caso del cemento, tres empresas concentran el 96 por ciento de la producción: Loma Negra, Minetti y Avellaneda. Una sola compañía acapara la comercialización del 77 por ciento de los fertilizantes: Profertil. Otra vende el 79 por ciento de los agroquímicos: Aventis. En alimentos pasa lo mismo. Una empresa tiene el 62 por ciento del pan industrial: Bimbo. Dos manejan el 73 por ciento de las galletitas dulces: Arcor y Danone. Esas mismas dos, el 77 por ciento de las galletitas saladas. Y dos más, el 70 por ciento de la leche fluida, chocolatada y los yogures: SanCor y Danone. Estas compañías comercializan productos que se utilizan en la fabricación de casi todos los bienes, y por ese motivo determinan en buena medida el precio y el abastecimiento de lo que se consume en el país

martes, 9 de agosto de 2011

La enfermedad brasileña

Así la llama Ramiro Albrieu en su trabajo y así es como probablemente se conozca en el futuro. A diferencia de la enfermedad holandesa, en donde la apreciación de la moneda era generada por el ingreso de divisas provenientes de la exportación de commodities, en este caso la apreciación se da por el ingreso de capitales financieros.
Como se puede observar en el cuadro Nº1, Brasil lidera por amplio margen el “top ten” de apreciación real desde la salida de la crisis (mediados de 2009) a la actualidad (mayo de 2011).

Y esta apreciación tuvo dos consecuencias principales.
- Una reducción constante del superávit comercial.
- Una caída tanto en volúmenes de exportaciones industriales como en su participación de las exportaciones totales (ver gráfico).

¿Por qué sucede esto? A causa de la entrada masiva de capitales extranjeros. "Si bien una parte fue inversión extranjera directa, el grueso de la entrada de capitales tomó la forma de inversión de cartera, en particular en activos de renta variable. Más específicamente, las colocaciones más dinámicas se refieren al mercado de acciones, que ya representan un tercio de los pasivos externos totales de la economía cuando en 2003 apenas eran un décimo de los mismos".

¿Y qué es lo que motiva esta entrada masiva de capitales? "La política monetaria adoptada por Brasil (esquema de metas de inflación) cuyos rasgos principales fueron una fuerte apertura financiera y altas tasas de interés. Con esta estrategia de política, el juego de los agentes financieros es bastante predecible: fondearse en otras monedas a tasas bajas e invertir en reales a altas tasas y con expectativas de apreciación cambiaria".
Entonces, ¿hay que imitar a Brasil? Por lo menos en política monetaria, parece que no.

lunes, 1 de agosto de 2011

Salimos en el Cash

La nota es un mix de las entradas anteriores sobre el MEK. Les dejo el link y la nota completa:


¿Es viable el modelo?


 Por Juan Manuel Telechea
La alta intención de voto que despliega Cristina Fernández de Kirchner en las encuestas de las principales consultoras invita a reflexionar sobre un futuro escenario a partir de octubre con un nuevo gobierno de la Presidenta. Esto plantea diversos interrogantes, aunque sin embargo el más importante parecer ser si el modelo económico kirchnerista es viable o no, dado que presenta ciertos indicios de agotamiento.
Para un mejor análisis, resulta adecuado dividir la gestión del gobierno en dos subperíodos: 2003-2007 y 2007-2011.
De esta forma, en un principio el modelo se caracterizó por un tipo de cambio alto y salarios bajos, heredados de la devaluación de 2002, que permitieron tener una elevada competitividad especialmente en los sectores transables. A partir de esto, y con una coyuntura externa favorable, el país creció fuertemente logrando un superávit fiscal y de cuenta corriente –con la consecuente acumulación de reservas–, una baja inflación y una importante reducción de la deuda externa, que logró finalmente desvincular a la Argentina de la influencia del FMI. Este auge en la economía permitió implementar una política de generación de empleo y mejora de las condiciones salariales que a su vez impactaron positivamente en la reactivación y crecimiento de la economía.
A partir de 2007 el panorama comenzó a cambiar: con salarios más altos, motivados principalmente por el auge económico y una distribución progresiva del ingreso, una inflación mayor y un tipo de cambio real apreciándose, el PBI continuó creciendo pero la competitividad de los sectores se fue erosionando, fundamentalmente la del sector transable. Esto, sumado a la alta elasticidad-ingreso de las importaciones, generó en los últimos tiempos una continua reducción del superávit en la balanza comercial: según los datos del Indec, en 2010 cayó un 27 por ciento con respecto a 2009 y el acumulado de enero-abril de 2011 presenta a su vez una caída del 24 por ciento con respecto al mismo período del año anterior.
Si bien la inflación actual representa un problema para el Gobierno, que además repercute en la apreciación del tipo de cambio real, no parece ser un factor desestabilizante de la economía, ya que se encuentra contenida. Sin embargo, la constante reducción del superávit que ha venido exhibiendo la balanza comercial en el último año y medio ciertamente se presenta como un llamado de atención para el oficialismo. Esto se debe a que, si se recapitula un poco en la historia argentina de los últimos 50 años, se puede observar que todas las crisis económicas tuvieron su origen en la escasez de divisas.
Ahora bien, ¿esto significa que indefectiblemente el modelo no es viable? En absoluto; el país cuenta con una suficiente cantidad de reservas como para financiar un déficit de cuenta corriente por lo menos por los próximos cinco años. No obstante, dado el peso que tienen las expectativas en la economía argentina, incurrir en un déficit de balanza comercial podría ser un duro golpe para la credibilidad del Gobierno, por lo que el mantenimiento del superávit en este rubro se presenta como uno de los principales desafíos a partir de octubre.
Esto es así, ya que este problema presenta características estructurales, por lo que la forma de combatirlo debería ser empleando un programa coordinado y planificado que ataque la raíz del problema, y no a través de medidas cortoplacistas y aisladas como hasta ahora viene sucediendo.
De todas formas, hay que aclarar que estamos en año de elección y, como se dijo al inicio, dada la alta intención de voto que viene teniendo el oficialismo, la estrategia del Gobierno parece ser tratar de modificar las cosas lo menos posible, es decir, poner la economía en “piloto automático”.
A partir de octubre esta estrategia seguramente se modifique, ya que, de no hacerlo, el agotamiento del modelo podría cristalizarse en el mediano plazo